“A Hollywood se llega un poco siendo fiel a uno mismo porque ellos quieren una voz. Y luego quieren obviamente joderte la voz y convertirlo todo en plano y masticable”, ríe el director, que cambia el tono para confesar humilde: “Yo soy un chaval de barrio que trabajó en un videoclub, que no ha ido a la escuela de cine, entonces tengo tanta suerte de poder contar historias y vivir de esto que es un privilegio.”